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Conozca – El origen del Cesacionismo

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Por Nicolás Marcón

La mayoría de los estudios y escritos a favor o en contra del cesacionismo (creencia que sostiene que las profecías y las lenguas cesaron con la muerte del último de los doce apóstoles en el primer siglo) se han encargado de caracterizar, defender, debatir o fundamentar a favor o en contra de este asunto, sin embargo, no hay suficientes materiales para identificar con claridad y sin contradicciones el origen del cesacionismo.

Por lo tanto, resulta difícil encontrar un hito, un pensador o una idea que señale el inicio del cesacionismo. Se pretenderá entonces considerar algunos indicios que, a través de la historia del cristianismo, fueron alimentando la idea del cese de los milagros, las profecías y de hablar en lenguas.

Fue a través de los primeros siglos y con el inicial desarrollo teológico que surgió la idea de rechazar los abusos a prácticas carismáticas y preparó el terreno para el cesacionismo. Los primeros en cuestionar tales prácticas fueron los opositores y críticos del Montanismo.

Recordemos que el Montanismo fue uno de los primeros movimientos heréticos que tuvo que enfrentar la iglesia por razones teológicas, prácticas y eclesiásticas. Hacia el año 156 Montano, un nuevo convertido venido del sacerdocio pagano, afirmó ser la encarnación del Espíritu Santo al inaugurar una nueva era y respaldado por las profetizas que lo acompañaban Priscila y Maximilla, advertían que la venida de Cristo sería inminente y sería en Frigia, ciudad natal de Montano. Sus ideas escatológicas y su estilo de vida asceta ganaron tanta popularidad y aceptación que se extendió en el tiempo hasta los días de Agustín de Hipona, arrastrando incluso al mismo Tertuliano.

Semejantes ideas, creencias e interpretaciones aplicadas por los personajes mencionados, no hicieron otra cosa que poner en tela de juicio la práctica carismática a través de las lenguas y las profecías. Cualquier creyente podría deducir que si la manifestación de tales carismas converge en semejantes excesos mejor sería evitarlo.

La siguiente referencia para considerar fue el sacramentalismo, es decir, la doctrina que sostiene la Iglesia Católica Apostólica Romana que atribuye poder salvífico a los sacramentos o ritos que cuando se practican imputan gracia al creyente. Los ritos sacramentales consisten el bautismo de infantes, confirmación o crismación, eucaristía, penitencia, unción de los enfermos, orden sacerdotal y matrimonio.[i]

Pablo Deiros dirá al respecto:

A medida que la Iglesia fue creciendo en poder y autosuficiencia con el respaldo del Estado (desde Constantino en adelante), fue perdiendo poco a poco su confianza en lo sobrenatural y milagroso. La iglesia comenzó a descansar más y más en el ritual y los sacramentos como las expresiones más adecuadas de la fe cristiana, y en la introducción del fetichismo y el sacerdotalismo como administradores del poder divino.[ii]

Una de las principales oposiciones doctrinales de los reformadores apuntaba al poder que la Iglesia Romana de ese tiempo asignaba a dichas ceremonias como condicionantes para la salvación, y no solo eso, además, se les consignaban poderes milagrosos y respuestas a las oraciones que los fieles invocaban a Dios mediante tales prácticas.

Sin embargo, algunas citas de los escritos de los padres de la iglesia afirmaban la presencia de los milagros y los dones sobrenaturales en la iglesia de sus tiempos:

Justino Mártir (muerto en 165) en su Diálogo con Trifón hace el comentario: “Porque los dones proféticos permanecen con nosotros, incluso hasta el tiempo presente”.

Ireneo (muerto en 202) fue alumno de Policarpo , quien fue discípulo del apóstol Juan escribió en su libro Contra las herejías , Libro V, vi: “De la misma manera también oímos a muchos hermanos en la iglesia que poseen dones proféticos, y que por medio del Espíritu hablan todo tipo de idiomas y sacan a la luz, para el beneficio general, lo oculto de los hombres y declarar los misterios de Dios, que también los apóstoles denominan espiritual”.

Orígenes (185-253) afirmó haber sido testigo ocular de muchos casos de exorcismo, curación y profecía, aunque se negó a registrar los detalles para no provocar la risa y el desprecio del incrédulo.

Crisóstomo (347-407) escribiendo sobre 1 Corintios y el don de lenguas afirmó: “Todo este lugar es muy oscuro; pero la oscuridad es producida por nuestra ignorancia de los hechos a los que se hace referencia y por su cesación, siendo tales como los que entonces se usaban. ocurren pero ahora ya no ocurren. ¿Y por qué no ocurren ahora? ¿Por qué mirar ahora, la causa también de la oscuridad nos ha producido nuevamente otra pregunta: a saber, por qué sucedieron entonces y ahora no lo hacen más?”.iii

En este último caso Crisóstomo no afirma el cese de los dones, sin más bien que hace una pregunta abierta para que sus lectores reflexionen acerca del asunto.

Nos queda incluir una mención de San Agustín, en tal sentido Frank Benoit, defensor del cesacionismo declara que:

Desde San Agustín en adelante, arguye a favor de los milagros por la administración de sacramentos como el bautismo, la cena del Señor o la extrema unción. Aunque él advierte del peligro del sacramentalismo excesivo que hay en el catolicismo romano, no renuncia a la creencia en el poder de los sacramentos.iv

Además, en su libro “La ciudad de Dios” libro XII, San Agustín dedicó tres capítulos completos de testimonios de milagros (capítulos 8-10) entre los cristianos de su época.

Desde el cesacionismo se propone que el protestantismo se opuso las creencias basadas en el poder sobrenatural atribuido a los sacramentos, pero eso no significaba que la Reforma, como movimiento, negara las manifestaciones carismáticas. Y a pesar, que los cesacionistas le abrogan adherencia a Martín Lutero a través de diferentes declaraciones que así pareciera, lo cierto es que Lutero aunque se oponía a los entusiastas de su época (grupo considerado fanáticos por el énfasis en la espiritualidad y comunión con Dios); creía en las intervenciones milagrosas de Dios y en experiencias sobrenaturales que él mismo testificó a lo largo de toda su vida, no solo en su relación con Dios sino en enfrentamientos espirituales con el diablo y sus demonios,v  alguien con esas experiencias difícilmente respondería a un perfil cesacionista.

De la misma forma ocurrió con Juan Calvino, para muchos el primer cesacionista, debido a que desarrollaría su cuerpo doctrinal en oposición a la utilización de los milagros por parte de la Iglesia Católica para legitimar su autoridad religiosa exclusiva. El punto de discusión de la época no radicaba en la existencia o no de los milagros, las lenguas o las señales, sino más bien que era una cuestión de prioridades: las Sagradas Escrituras en primer lugar, después y bajo su supervisión todo lo demás.

La lista de teólogos y líderes cristianos puede seguir a través de la historia y la mayoría llegará a las mismas advertencias.

Por lo tanto, aunque la formulación original del cesacionismo surgió en respuesta a las afirmaciones de curaciones y milagros en la Iglesia Católica, los cesacionistas ahora se dividen en puntos de vista basados en la posibilidad de milagros entre los cristianos de hoy. Estos son:

  • Los cesacionistas totales creen que todos los milagros han cesado, junto con los dones milagrosos.
  • Los cesacionistas clásicos afirman que los dones milagrosos como profecía, sanidad y hablar en lenguas cesaron con los apóstoles. Sin embargo, creen que Dios ocasionalmente obra de maneras sobrenaturales hoy.
  • Los cesacionistas consistentes creen que los dones milagrosos no solo fueron para el establecimiento de la iglesia del primer siglo, sino que también cesó la necesidad de apóstoles y profetas.
  • Los cesacionistas concéntricos creen que los dones milagrosos de hecho han cesado en la iglesia mayoritaria y en las áreas evangelizadas, pero pueden aparecer en áreas no alcanzadas como una ayuda para difundir el Evangelio.vi

Podemos reflexionar en algunas ideas entonces: el cesacionismo no es más que una construcción teórica basada en una incorrecta interpretación “de lo perfecto”de 1 Corintios 13:9-10, “porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará”, tema a desarrollar en otros escritos de esta revista.

El cesacionismo surgió como una defensa de las exageraciones, manipulaciones y abusos frente a los excesos fanáticos que no han hecho otra cosa que desvirtuar las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo en la iglesia de Cristo. Esto se debe a que tales manifestaciones son sobrenaturales pero la administración de los dones en el culto depende de la administración humana de los creyentes y por lo tanto imperfecta y eso lo puede convertir en peligroso. Sin embargo, las Escrituras nos advierten de evitar dichas situaciones, a las que se llegan por ignorancia: “no quiero hermanos que ignoren acerca de los dones espirituales”.

Con el criterio que proponen los cesacionistas frente a la vigencia de las manifestaciones sobrenaturales, tampoco deberíamos predicar el evangelio porque hay predicadores que no trazan bien las Escrituras o predican por ganancias deshonestas.

Ese mismo cuidado para evitar los excesos los tenemos también los pentecostales que buscamos vivir la espiritualidad que nos infunde la Palabra, experimentar la manifestación de los dones del Espíritu Santo y rogar por intervenciones milagrosas de Dios en casos puntuales, pero los abusos que pudiesen aparecer no quitan legitimidad a la sincera experiencia de miles y miles de cristianos en todo el mundo.

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